Contaminación acústica: precio del progreso?

Tan sensible es el organismo humano al sonido, que incluso la sola descripción de un sonido desagradable puede provocar una respuesta física.

El restregar un pedazo de tiza sobre una pizarra puede hacer que se le ponga a alguien la carne de gallina, como también lo logra la descripción de la fuente de tal sonido. ¿Y cuántos decibelios medidos llegan al fondo de la clase? Pocos, pero producen la misma sensación desagradable.

El sonido no sólo influye en el centro auditivo del cerebro, sino en todo el equipo físico, fisiológico, emocional y psicológico del ser humano. La onda sonora recibida provoca una combinación de respuestas: auditivas, intuitivas, emocionales, biológicas, de asociación. El impacto del sonido es profundo.

¿Cuándo se convierte el sonido en ruido? En general cuando sus componentes físicos perturban la relación entre una persona y su medio. O cuando la energía acústica causa tensión indebida y un daño fisiológico real.

En términos tradicionales el sonido se clasifica como ruido cuando daña el mecanismo auditivo, quita el sueño y no deja descansar, interrumpe la conversación u otras formas de comunicación, cuando molesta e irrita. El sonido llega a ser ruido cuando enmascara o domina los sonidos que se desean oir.

La molestia en el ruido parecer ser un asunto de grado y de circunstancias. Por ejemplo, la irregularidad, la falta de pauta hace del sonido algo feo y molesto. Los sonidos inesperados, sin orden, del claxon de los coches; pero también el sonido regular, como las alarmas o ronroneo constante de aires acondicionados ruidosos.

Un sonido que cambia repetidamente su punto de origen es molesto. También es molesto un ruido nocturno de relativamente pocos decibelios, creado por un taconeo en el piso de arriba o la TV del vecino.

Se nos ha dicho que nuestra manera de reaccionar a la contaminación acústica puede estar influida por nuestra actitud hacia una determinada fuente de ruido, y que es el precio del progreso. En todo caso un precio demasiado alto. ¿Pero acaso el problema del ruido del tráfico desaparece a los que nos gusta conducir? ¿Y los que nos guste la música o bailar, nos afectará menos la radio del vecino? Es sencillo medir la intensidad del ruido o nivel en decibelios, pero es virtualmente imposible medir la respuesta humana al ruido. Los esquemas para predecir quejas y evaluar las respuestas a las molestias son guías primitivas, y su efectividad es cuestionable incluso para los propios especialistas en ruidos.

Hace tiempo, me despertaron de madrugada mientras dormía unas voces y cánticos procedentes de la calle. Salí a la terraza y vi a un grupo que habría salido de un pub karaoke cercano e iban con alguna copa de más. Un hombre y unas tres mujeres, de unos 45 años, bien vestidos, ya no eran unos “niñatos”. Cuando pasaban a mi altura les hice un simple “SHHHHH” y me respondió el tipo: “SI QUIERES DORMIR CÓMPRATE UNA CASA EN EL CAMPOOOO!!!!”. Sin comentarios.

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Acerca de Enrique B.

Técnico Informático - Electrónico
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